Cualquier empresa alimentaria está sometida a una serie de controles por parte de las autoridades. Es lo que llamamos coloquialmente «Inspección de Sanidad».
Lejos de demonizar al inspector o inspectora que nos visita y que creemos que va con afán de sancionar y recaudar, tenemos que pensar que están haciendo su trabajo, que es ni más ni menos que cumplir con la normativa vigente y defender los derechos de los consumidores frente a los peligros de los alimentos para su salud.
Vamos a tener en cuenta una serie de premisas para pasar con éxito el temido examen de una inspección sanitaria.
ESTADO DE LAS INSTALACIONES Y EQUIPOS: La primera impresión es lo que queda. Un agente de control oficial o inspector es una persona normal, con sus defectos y virtudes, como cualquier otra. Es decir, si al entrar a una industria, restaurante, bar, etc. el aspecto visual no es el adecuado por presencia de suciedad, desorden, etc. ya contamos con un punto en contra. Las instalaciones deben estar en un correcto estado de limpieza y orden. Además las instalaciones y equipos deben estar en perfecto estado de mantenimiento.
DOCUMENTACIÓN: Sabemos que la cumplimentación de registros de un APPCC o Requisitos Simplificados de Higiene es farragosa y quita tiempo, pero no nos queda más remedio, hay que cumplir con la normativa. Es mejor rellenar registros con datos reales que inventárnoslos. Si no existen registros, la inspección da por hecho que se ha perdido el control sobre la actividad, y por tanto, no podemos garantizar a nuestros clientes que van a adquirir o tomar un alimento seguro, libre de riesgos sanitarios.
PERSONAL: El personal que trabaja en la industria o en el establecimiento de hostelería va a ser interrogado por el o la agente de control oficial, con el fin de obtener toda la información necesaria acerca de los procesos que se llevan a cabo. Por tanto, no cabe contestaciones tales como «el encargado no está», «yo no llevo eso» o «no sé dónde está». Cualquier persona que trabaja en la empresa alimentaria tiene que estar informado y formado convenientemente.
CONCIENCIACIÓN: Tanto los responsables como los trabajadores deben estar concienciados con la cultura de la seguridad alimentaria, y por tanto, deben ser conscientes de la gravedad que puede tener la existencia de incidencias o negligencias en los procesos de elaboración de alimentos, por la repercusión directa en la salud de los consumidores.
